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La OMPT vive una noche bajo las estrellas y continúa hacia Alere, el vino universitario de Nuevo León

  • ninoexplorayconecta
  • 28 may
  • 4 min de lectura

La Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) continuó el 30 de abril de 2026 su recorrido por el sur de Nuevo León con la llegada al Observatorio Astronómico Universitario Tlapiani, en Iturbide, después de un trayecto de montaña por carretera destapada. La experiencia incluyó el descanso en cabañas, una espera nocturna marcada por el pronóstico de cielo despejado y la observación del firmamento hacia las 3:00 de la madrugada. Al día siguiente, 1 de mayo, la ruta avanzó hacia Alere Bodega Vinícola UANL, en Linares, donde el conocimiento universitario y la producción de vino abrieron una nueva lectura turística del territorio.

El Observatorio Astronómico Universitario Tlapiani es un proyecto de la Universidad Autónoma de Nuevo León, ubicado en el cerro El Picacho, en el municipio de Iturbide. La Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la UANL lo presenta como una actividad guiada por personal profesional y astrónomos de la universidad, donde los visitantes pueden conocer el trabajo científico, el equipo utilizado y el desarrollo del turismo científico en Nuevo León.

La llegada al observatorio no fue solo un traslado: fue parte central de la experiencia. La carretera destapada, la altura, el polvo del camino, el descenso de la temperatura y la presencia de la montaña prepararon al grupo para un ritmo distinto. A medida que el paisaje se abría, el ruido urbano quedaba atrás. El silencio comenzó a ocupar espacio y la noche, todavía en espera, se convirtió en una promesa.


Pasar la noche en cabañas permitió vivir el destino con otra intensidad. No se trató de una visita rápida, sino de una permanencia en el territorio. La espera hasta la madrugada creó una atmósfera particular: conversaciones en voz baja, abrigo, oscuridad, expectativa y la mirada pendiente del cielo. Cuando el firmamento despejó hacia las 3:00 de la mañana, la experiencia alcanzó su momento más profundo. El cielo apareció como un mapa inmenso, abierto sobre la montaña.

Desde la mirada turística, el valor del Observatorio Tlapiani está en su capacidad de transformar el conocimiento científico en experiencia sensible. El visitante no solo escucha datos astronómicos; también percibe la escala del universo desde el cuerpo: el frío de la madrugada, la quietud del entorno, la oscuridad necesaria para mirar mejor y la emoción de reconocer que la montaña también puede ser aula, mirador y destino.


La experiencia confirmó el potencial del turismo científico como una forma de viajar que une aprendizaje, naturaleza y emoción. En Iturbide, la astronomía no se presenta como una disciplina distante, sino como una invitación a mirar con más atención. La cúpula del observatorio, el equipo especializado y la presencia de guías y personal académico convierten la visita en una oportunidad para acercar la ciencia a viajeros, estudiantes, familias y comunicadores.

El 1 de mayo, la ruta continuó hacia Alere Bodega Vinícola UANL, proyecto ubicado en el Centro de Investigación en Producción Agropecuaria, en Linares, Nuevo León. De acuerdo con información institucional de la UANL, la bodega fue inaugurada en junio de 2023 y cuenta con infraestructura para producir el vino Alere, promover la elaboración de vinos de distintas variedades y brindar herramientas tecnológicas a productores de vid de la región.


Alere amplió el sentido del viaje: después de mirar el cielo desde la montaña, el recorrido bajó hacia la tierra cultivada. La experiencia vitivinícola permitió entender cómo la universidad también impulsa proyectos productivos, turísticos y de investigación ligados al campo. Según Vida Universitaria de la UANL, la bodega tiene una capacidad máxima de 10 mil litros anuales y una producción aproximada de 13 mil botellas de 750 mililitros al año, además de apoyar a productores de uva y desarrolladores de vino en Nuevo León.

En Alere, el turismo se expresó desde el aroma, el sabor y el proceso. La bodega no solo representa una marca de vino, sino una apuesta por vincular conocimiento, territorio y producción local. Sus espacios están diseñados para promover la cultura vitivinícola mediante visitas guiadas, catas y acercamiento al proceso de fabricación del vino.


La transición entre Iturbide y Linares dejó una lectura poderosa: el sur de Nuevo León puede recorrerse desde la ciencia del cielo y desde la ciencia de la tierra. En una misma ruta, la OMPT vivió el silencio de la montaña, la observación astronómica, el descanso en cabañas y la cultura del vino universitario. Dos experiencias distintas, pero conectadas por una misma idea: el turismo también puede enseñar.


El valor turístico de esta jornada está en su diversidad. Iturbide aporta paisaje, altura, astronomía y contemplación; Alere suma innovación agroalimentaria, enología, investigación universitaria y degustación. Ambas experiencias fortalecen una oferta que puede atraer a viajeros interesados en naturaleza, conocimiento, productos de origen, turismo educativo y rutas de baja saturación.

Para la OMPT, este recorrido confirmó que Nuevo León no solo se proyecta desde sus grandes ciudades, estadios o espacios industriales. También se revela en sus caminos de montaña, en sus cabañas silenciosas, en sus observatorios universitarios y en sus bodegas experimentales. Allí, el viaje adquiere una dimensión más íntima: aprender mirando el cielo, comprender el territorio desde una copa y reconocer que el conocimiento también puede sentirse.


La ruta dejó una imagen final de doble profundidad: primero, el firmamento abierto sobre Iturbide en la madrugada; después, el vino Alere como expresión de una tierra investigada, cultivada y compartida. Entre estrellas y viñedos, la OMPT encontró una experiencia donde Nuevo León se mira hacia arriba, se trabaja desde abajo y se recuerda desde la emoción.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

 
 
 

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