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La OMPT recorre Paseo Santa Lucía y Parque Fundidora como símbolos de reconversión urbana en Monterrey

  • ninoexplorayconecta
  • 27 may
  • 3 min de lectura

Actualizado: 27 may



En abril de 2026, la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) realizó una visita a distintos destinos de Nuevo León, México, como parte de una agenda orientada a observar, comunicar y valorar experiencias turísticas desde el territorio. En Monterrey, uno de los recorridos integró el Paseo Santa Lucía y el Parque Fundidora dos espacios conectados física y simbólicamente por una ruta donde la ciudad dialoga con su historia industrial, su vida cultural y su vocación de encuentro ciudadano. La visita permitió reconocer cómo estos lugares funcionan no solo como atractivos turísticos, sino como escenarios vivos de identidad regiomontana.


El Paseo Santa Lucía se ubica en la Región Metropolitana de Monterrey y conecta el Parque Fundidora con el Museo de Historia Mexicana mediante un canal navegable de 2.5 kilómetros. De acuerdo con la información turística oficial de Nuevo León, el trayecto ofrece 24 fuentes, murales de artistas regiomontanos, áreas verdes y explanadas utilizadas para actividades deportivas, recreativas y culturales.


La experiencia comenzó junto al agua. El canal, con su tono especial y su movimiento pausado, abrió una lectura distinta de Monterrey: una ciudad habitualmente asociada al trabajo, la industria y las montañas, pero capaz también de ofrecer calma, paseo y contemplación. A cada tramo, el sonido de las fuentes se mezcló con las conversaciones de visitantes, familias y viajeros; la luz de abril cayó sobre los andadores, las fachadas y los puentes, mientras el Cerro de la Silla permanecía como referencia visual del paisaje urbano.

El recorrido hacia Parque Fundidora permitió entender una de las transformaciones más representativas de la ciudad. El parque ocupa el espacio donde funcionó la antigua Fundidora, símbolo industrial de Monterrey, y hoy reúne actividades de entretenimiento, deporte, cultura y recreación. La Secretaría de Turismo de Nuevo León lo presenta como un lugar con áreas verdes, lago, andadores, pista de hielo, cineteca, pinacoteca y espacios para la vida familiar.


Caminar por Fundidora implica avanzar entre estructuras que aún conservan la fuerza del pasado fabril. Las formas metálicas, los hornos, las naves y las chimeneas no aparecen como ruinas abandonadas, sino como memoria reutilizada. Allí donde antes dominaron el acero, el ruido de las máquinas y la producción industrial, hoy circulan bicicletas, corredores, niños, turistas, fotógrafos y visitantes que encuentran en el parque un punto de encuentro entre historia y descanso.


Para la OMPT, el valor del recorrido estuvo en observar cómo Monterrey convierte su patrimonio industrial en experiencia turística contemporánea. El Congreso 16 de la organización incluyó espacios como Parque Fundidora, Horno 3 y Paseo Santa Lucía dentro de una agenda que abordó la reconversión industrial, el desarrollo urbano sostenible y la comunicación responsable del turismo.


Desde la perspectiva turística, Paseo Santa Lucía y Parque Fundidora ofrecen una ruta de lectura múltiple. Son espacios accesibles para caminar, navegar, fotografiar, descansar y comprender el vínculo entre ciudad, cultura e infraestructura pública. También funcionan como conectores entre museos, explanadas, espacios verdes y zonas de convivencia, lo que fortalece la permanencia del visitante y amplía la experiencia más allá de una visita breve.


La dimensión sensorial del recorrido resulta clave. El agua suaviza la imagen de la ciudad; los reflejos cambian según la hora; el viento mueve los árboles y deja escuchar el murmullo de quienes pasean sin prisa. En Fundidora, la textura del metal y el concreto convive con el verde de los jardines. El visitante percibe una mezcla particular: memoria pesada y aire abierto, pasado industrial y presente recreativo, arquitectura robusta y vida cotidiana.


La visita también dejó una lectura comunitaria. Estos espacios no se sostienen únicamente por su valor escénico, sino por el uso constante de la gente. Familias que caminan al atardecer, jóvenes que hacen deporte, turistas que suben a las embarcaciones y habitantes que reconocen el parque como parte de su rutina convierten el destino en una experiencia compartida. Esa apropiación social fortalece el sentido turístico del lugar, porque el viajero no llega a un escenario vacío, sino a un territorio habitado.


En términos de proyección, el recorrido abre oportunidades para seguir posicionando a Monterrey como destino urbano, cultural y de experiencias. Paseo Santa Lucía y Parque Fundidora muestran que el turismo también puede construirse desde la regeneración de espacios, la memoria industrial, el paisaje público y la conexión emocional con la ciudad. Para la OMPT, comunicar estos lugares implica visibilizar una Monterrey que no solo se explica por su economía o infraestructura, sino también por su capacidad de transformar historia en encuentro.


El cierre del recorrido dejó una imagen clara: el agua avanzando lentamente hacia Fundidora y el acero convertido en paisaje. Allí, Monterrey ofrece una lección turística concreta: cuando una ciudad conserva su memoria y la abre al visitante, el destino no solo se recorre; también se comprende.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

 
 
 

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