La OMPT recorre el Museo de la Zamba: cuando “Paisaje de Catamarca” deja de ser canción y se vuelve territorio

En la Cuesta del Portezuelo, Valle Viejo, Catamarca, la delegación de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) encontró un espacio donde la música no se escucha únicamente: se camina.
El Museo de la Zamba propone una experiencia distinta. A través de escenas, objetos, ambientaciones y referencias visuales, la célebre zamba “Paisaje de Catamarca”, de Polo Giménez, empieza a aparecer frente a los ojos como si cada verso hubiera decidido ocupar un lugar físico en la montaña.
La relación entre canción y territorio es profunda. “Paisaje de Catamarca” fue registrada por Rodolfo Lauro María “Polo” Giménez en 1950 y, décadas después, fue reconocida oficialmente como Himno Cultural y Popular de la Provincia de Catamarca.
Una canción que se puede recorrer
El museo no plantea una visita distante ni solemne. Por el contrario, invita a identificar en el entorno elementos que forman parte del imaginario de la zamba: la vida rural, los caminos, los animales, las antiguas casas de adobe, los sulkys y escenas sencillas de la cotidianidad.
Aparecen también recreaciones vinculadas a versos que hablan de una majadita que baja el cerro, del nogal centenario, del chalchalero que ensaya su canto y de gestos domésticos que remiten a otra época.
Allí ocurre algo especial: quien conoce la canción empieza a recordarla mientras observa el paisaje; quien no la conoce puede comenzar a comprenderla desde el territorio.
Desde la mirada del turismo sensorial, esa conexión es uno de los mayores valores del lugar.
La zamba entra por la memoria, pero también por la vista, por la textura del adobe, por el viento de la montaña, por el sonido del entorno y por la sensación de estar dentro del paisaje que inspiró una de las obras musicales más representativas de la provincia.

Entre memoria popular y patrimonio
El recorrido también permite acercarse a relatos transmitidos oralmente por habitantes de la zona. Algunas versiones populares atribuyen el origen de la canción a historias diferentes de la autoría documentada; esas narraciones forman parte de la memoria local, aunque la documentación oficial reconoce a Polo Giménez como autor de letra y música.
Esa convivencia entre historia documentada y relato popular también forma parte del atractivo cultural del lugar.
No todo está escrito en placas.
Mucho permanece en lo que los habitantes recuerdan, cuentan y vuelven a narrar.
El paisaje termina completando la experiencia.
Muy cerca del museo, la propia Cuesta del Portezuelo completa lo que la canción comienza. La ruta asciende por la Sierra de Ancasti, supera las 300 curvas y alcanza sectores cercanos a los 1.680 metros sobre el nivel del mar, con panorámicas amplias sobre el Valle Central.
Entonces la visita adquiere otra dimensión.
Los pueblos pequeños aparecen dispersos abajo.
Los caminos se pierden entre las sierras.
El horizonte se multiplica.
Y la canción deja de sentirse como una descripción poética exagerada.
Empieza a parecer una lectura exacta del paisaje.
Una visita para recomendar
El Museo de la Zamba merece ser incluido en un recorrido por Valle Viejo y la Cuesta del Portezuelo porque permite comprender Catamarca desde otra perspectiva: no solo desde su geografía, sino desde la manera en que esa geografía se convirtió en música, memoria e identidad.
Es especialmente recomendable para quienes buscan cultura, folklore, fotografía, paisaje, historia local y experiencias con una fuerte conexión territorial.
Aquí, “Paisaje de Catamarca” no termina cuando acaba la canción.
Continúa afuera.
En las montañas.
En los caminos.
En las pequeñas escenas rurales.
Y en la mirada de quien empieza a reconocer, verso a verso, la provincia que Polo Giménez convirtió en zamba.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior



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