La OMPT descubre en Concepción Viñedos Sustentables una experiencia donde el vino convive con la vida del territorio
En Sañogasta, departamento Chilecito, La Rioja, Argentina. El recorrido por la finca acerca al visitante a la vitivinicultura desde el paisaje, los sentidos y una filosofía de convivencia entre producción y naturaleza.
Concepción Viñedos Sustentables abre sus viñedos a una experiencia que permite comprender el vino desde el lugar donde comienza su historia. Integrada a la Ruta del Vino Riojano, la finca desarrolla visitas por los cultivos, degustaciones y propuestas gastronómicas en un entorno productivo asociado a prácticas sustentables y agricultura biodinámica.
La mirada de turismo sensorial de OMPT encuentra aquí algo que va más allá de probar una etiqueta. Caminar entre las vides permite reconocer cómo el paisaje, la vegetación, los aromas del campo, los sonidos y la presencia de otras especies forman parte de la identidad del lugar. Antes de llegar a la copa, el territorio comienza a contar su propia historia.
Concepción Viñedos Sustentables se encuentra en Barrio El Pozo, Sañogasta, y forma parte de los circuitos vitivinícolas de Chilecito. Entre sus propuestas se encuentran las visitas guiadas por los viñedos, degustaciones de sus vinos Chango Guapo, canasta de campo y alternativas gastronómicas con reserva previa. También ha sido incluida como parada en recorridos turísticos de la Ruta del Vino Riojano que conectan bodegas y experiencias del departamento.
Pero durante la visita hubo una conversación que permitió comprender con mayor profundidad la manera en que sus responsables entienden la sostenibilidad.
Al propietario se le planteó una pregunta sencilla: ¿las aves autóctonas que llegan hasta los cultivos representan un problema para la producción? Su explicación mostró otra forma de relacionarse con el entorno. Las aves toman parte de su alimento del cultivo, pero, según explicó, esa cantidad no resulta significativa para la producción. Por eso su presencia no es entendida como una amenaza que deba eliminarse, sino como parte de una convivencia asumida dentro de la filosofía del proyecto.
Hay allí una especie de intercambio con el territorio: el cultivo ofrece alimento y las aves devuelven presencia, movimiento y vida al paisaje.
Ese pensamiento adquiere otra dimensión cuando se experimenta desde los sentidos. El vuelo que cruza el cielo, los sonidos que aparecen entre la vegetación y el movimiento que rompe por instantes la quietud del viñedo hacen visible que un espacio productivo también puede conservar relaciones con otras formas de vida. La sostenibilidad deja entonces de sentirse solamente como una palabra asociada a procesos agrícolas y comienza a percibirse en lo cotidiano.
El recorrido invita también a observar con mayor atención. La luz sobre los cultivos cambia durante el día, el aire acompaña el desplazamiento por el viñedo y cada aroma prepara de alguna manera el encuentro posterior con el vino. Cuando finalmente llega la degustación, la copa ya no aparece aislada: detrás de ella existe un suelo, una planta, decisiones productivas y una manera particular de habitar el territorio.
Esa conexión es uno de los valores que el enoturismo puede aportar a Chilecito. La región integra bodegas, viñedos, gastronomía y paisajes dentro de una oferta que permite acercarse a la cultura vitivinícola riojana desde diferentes experiencias. Concepción Viñedos Sustentables participa de ese entramado y suma una propuesta en la que el visitante puede conocer el cultivo antes de descubrir el resultado final en la copa.
Desde la OMPT, recorrer este lugar desde el turismo sensorial significa detenerse en detalles que muchas veces pasan inadvertidos: escuchar antes de avanzar, observar qué ocurre alrededor del cultivo, reconocer aromas, conversar con quienes trabajan allí y comprender que producir también supone tomar decisiones sobre la relación con el ambiente.
Para quienes recorran Chilecito y quieran acercarse al vino desde una experiencia vinculada con el paisaje y la producción local, Sañogasta ofrece una parada que merece tiempo. Llegar a Concepción no significa únicamente sentarse frente a una degustación. Significa caminar primero el territorio, conocer parte de su filosofía y permitir que la copa sea el último capítulo de una historia que comenzó mucho antes.
Porque cuando el vino puede relacionarse con el paisaje que lo produce, con las personas que lo trabajan y hasta con las aves que atraviesan sus cielos, visitar un viñedo también se convierte en una manera de comprender cómo un territorio decide convivir con la vida que lo rodea.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior




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