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La OMPT recorre Casagrande Hotel de Adobe, una casa de 1897 que mantiene viva la memoria de Tinogasta

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 3 días
3 min de lectura

La Organización Mundial de Periodismo Turístico visitó en Tinogasta una construcción de fines del siglo XIX donde adobe, madera, fotografías familiares y antiguos espacios militares permiten acercarse a la historia local desde una experiencia sensorial.

En pleno centro de Tinogasta, provincia de Catamarca, Argentina, a pocas cuadras de la plaza principal, una casona de gruesos muros de tierra conserva más de un siglo de transformaciones. Casagrande Hotel de Adobe, ubicado en Moreno 801, esquina Constitución, fue recorrido por la OMPT desde una mirada de turismo sensorial, poniendo atención no solo a su actual función como alojamiento, sino a las capas de historia que todavía pueden reconocerse en paredes, techos, objetos y memorias familiares. La construcción del edificio en 1897 supera los 125 años de antigüedad.

Siendo esto precisamente su principal referencia. La construcción está asociada al período de tensiones limítrofes entre Argentina y Chile de finales del siglo XIX y a la presencia militar argentina en esta zona próxima a la cordillera. El inmueble funcionó a comienzos del siglo XX como sede de la Comandancia Militar del regimiento local.

Recorrer Casagrande permite entender esa historia con el cuerpo. Los muros de adobe alcanzan en algunos sectores entre 80 centímetros y un metro de espesor. Al acercarse a ellos se percibe una superficie irregular, terrosa, distante de los acabados industriales contemporáneos. Sobre la cabeza aparecen vigas de madera y entramados de caña; la iluminación cálida cae sobre puertas antiguas y fotografías familiares, mientras los patios introducen aire y claridad entre los ambientes.


De espacio militar a casa familiar

Tras su etapa vinculada a la actividad militar, la propiedad pasó a manos de Rodolfo Orella, chileno establecido en Tinogasta. Fuentes históricas consultadas indican que Orella llegó a la localidad en el siglo XIX, desarrolló actividades productivas, estuvo relacionado con el Ferrocarril del Estado y ejerció funciones consulares chilenas. Con el tiempo, la vivienda quedó ligada a su descendencia y a la memoria social de Tinogasta.

Esa continuidad puede sentirse en uno de los espacios interiores, donde retratos, fotografías, documentos y objetos forman una suerte de archivo doméstico. No se trata de una reconstrucción escenográfica separada de la casa: son elementos integrados al lugar que hoy recibe viajeros.

Durante la visita se conoció además un ambiente que actualmente alberga un jacuzzi cubierto. Según la explicación brindada en el establecimiento, este sector habría funcionado antiguamente como armería o polvorín. La transformación resume una de las particularidades de Casagrande: espacios concebidos para otras funciones hace más de un siglo encuentran usos turísticos contemporáneos sin borrar completamente sus formas originales.

El recorrido también permite observar una placa titulada “Padre Nuestro”, compuesta por figuras y signos pictográficos. En el establecimiento es presentada como una representación relacionada con la tradición quichua. Su procedencia, antigüedad y clasificación lingüística requieren documentación adicional antes de establecer una interpretación histórica definitiva.


Actualmente, Casagrande ofrece dos modalidades de alojamiento. Su sitio oficial informa que el sector histórico de adobe dispone de 11 habitaciones, mientras una propuesta boutique contemporánea suma otras seis. El hotel conserva servicios actuales, pero la experiencia diferencial se encuentra en habitar una construcción tradicional de tierra y reconocer cómo este material responde al clima: los gruesos muros contribuyen a conservar temperaturas interiores más estables frente al frío y al calor exterior.

Una visita recomendada desde el turismo sensorial

Casagrande merece ser recorrido con tiempo. Más allá de alojarse, su interés está en tocar visualmente las capas del adobe, observar las marcas de la madera, caminar bajo los cañizos, detenerse frente a las fotografías antiguas y reconocer cómo una casa atravesó usos militares, familiares y turísticos sin desprenderse completamente de su pasado.

Desde la mirada de la OMPT, experiencias de este tipo permiten comunicar un territorio a partir de algo más profundo que una fotografía: comprender cómo se construía, cómo se habitaba y cómo una comunidad conserva su memoria. En Tinogasta, el adobe no es solamente un material arquitectónico. Es parte del paisaje, del clima y de una historia que todavía puede recorrerse con los sentidos.

Ubicación: Casagrande Hotel de Adobe, Moreno 801 esquina Constitución, Tinogasta, Catamarca, Argentina.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior


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