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La OMPT en Chilecito: la Estación Nº 2 del Cable Carril, donde la montaña conserva la memoria minera de La Rioja

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 6 días
5 min de lectura

Llegar a la Estación Nº 2 “El Durazno” del Cable Carril Chilecito - La Mejicana, en Chilecito, provincia de La Rioja, Argentina, es comenzar a comprender que algunas obras de ingeniería no desaparecen cuando dejan de funcionar. Cambian de propósito. Lo que alguna vez movilizó minerales, herramientas, alimentos y trabajadores entre el valle y las alturas del Famatina, hoy permite viajar hacia la memoria de una región que construyó parte de su identidad alrededor de la montaña.

La Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) llegó hasta la estación como parte de su recorrido por Chilecito. La jornada comenzó con el recibimiento de representantes y personal vinculados al turismo local, quienes acompañaron la experiencia y facilitaron el acercamiento a uno de los patrimonios industriales más relevantes de La Rioja.

Antes de hablar de fechas y mecanismos, el lugar produce una primera reacción mucho más elemental: mirar.

Desde esta altura, el paisaje obliga a detenerse. El valle se extiende mientras el sistema montañoso del Famatina domina el horizonte. El viento, el sol intenso y el aire seco cambian la percepción del espacio. Fotografiar desde el mirador no se convierte solamente en un registro del viaje; es una manera de intentar conservar una escala que difícilmente cabe completa en una imagen.

Desde la mirada del turismo sensorial, esa amplitud es parte esencial de la experiencia. La vista se desplaza entre las montañas, el terreno árido y la vegetación adaptada a estas condiciones. El silencio se interrumpe durante las explicaciones del recorrido, y entonces el paisaje empieza a adquirir otro significado: aquellas distancias que hoy se contemplan fueron, hace más de un siglo, el problema técnico que el Cable Carril tuvo que resolver.

Durante la visita guiada se explicó que el sistema unía Chilecito con el distrito minero La Mejicana, ubicado en las alturas del Famatina. La obra comenzó a construirse a principios del siglo XX y entró en funcionamiento a fines de 1905. Su estructura completa estaba formada por ocho tramos conectados mediante nueve estaciones, con un recorrido de 34.328 metros y un desnivel aproximado de 3.345 metros entre Chilecito y la mina.

El objetivo era transportar hacia abajo el mineral extraído en La Mejicana y, en sentido inverso, llevar combustible, herramientas, materiales, alimentos, agua y otros insumos necesarios para mantener activa la explotación minera. Un tramo adicional conectaba la Estación Nº 2 con la fundición de Santa Florentina.

Ese contexto vuelve especialmente significativa la visita a la Estación Nº 2.

Aquí se conserva parte sustancial de la infraestructura original, entre ella la caldera y el motor que impulsaban el tramo entre las estaciones 1 y 2, además de distintos componentes del sistema de transmisión y movimiento de las vagonetas. Actualmente el sitio puede recorrerse mediante visitas guiadas, que permiten comprender cómo funcionaba aquella red aérea que ascendía progresivamente hacia la montaña.

Durante la explicación, observar estos mecanismos transforma la experiencia. Ya no se trata únicamente de hierro antiguo. Poleas, cables, vagonetas y estructuras metálicas empiezan a reconstruir mentalmente un sistema que trabajaba en condiciones geográficas extremas. La ingeniería debía responder a desniveles enormes, grandes distancias y a una montaña que imponía sus propias reglas.

El recorrido también permite acercarse a la dimensión humana de aquella actividad. Fotografías históricas, piezas y testimonios conservados remiten a trabajadores que transitaban estos territorios cuando acceder a la montaña requería jornadas prolongadas y condiciones muy diferentes a las actuales. Antes del Cable Carril, el traslado vinculado a la actividad minera se realizaba mediante animales de carga y recorridos mucho más lentos; la instalación del sistema significó un cambio profundo en la logística minera de la región.

Ese contraste entre pasado y presente es uno de los puntos más fuertes de la visita.

Donde antes existía una infraestructura destinada principalmente al trabajo y a la extracción, hoy hay viajeros escuchando historias, observando el horizonte y tratando de imaginar el movimiento constante de aquellas vagonetas suspendidas sobre el territorio.

El Cable Carril funcionó hasta enero de 1927 y, por su relevancia histórica y tecnológica, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1982.

Pero la visita de la OMPT no quedó limitada al relato industrial.


La hospitalidad local incorporó otro lenguaje del territorio: la gastronomía. Durante el encuentro se compartieron empanadas, carne, pan y vino, en un ambiente marcado por la conversación y por la presencia constante de la montaña. También forman parte de la propuesta del lugar productos regionales vinculados con la identidad productiva riojana, entre ellos vinos, aceitunas, aceite de oliva, nueces, dulces, mermeladas, escabeches y otras elaboraciones.

Ese momento cambia nuevamente el ritmo.

Después de escuchar sobre minería, motores y transporte aéreo, sentarse alrededor de una mesa permite regresar al presente. El sabor de una empanada recién servida, una copa de vino y la charla compartida hacen que el patrimonio deje de sentirse distante. La historia no queda únicamente en las máquinas: se integra a una experiencia social.

Y precisamente ahí aparece uno de los mayores valores de la Estación Nº 2 desde el turismo sensorial.

Se escucha historia, se toca territorio, se respira montaña, se observa el valle y se prueba parte de la identidad productiva de La Rioja.

La Estación Nº 2 se encuentra en Chilecito, sobre el corredor de la Ruta Provincial Nº 14, también identificado como Avenida Cable Carril, aproximadamente en el kilómetro 9. Actualmente permanece abierta al público con entrada libre y visitas guiadas gratuitas.

Desde allí también se comprende la dimensión completa del antiguo sistema: hacia un lado se encontraba la Estación Nº 1, próxima a la ciudad; hacia arriba comenzaba el ascenso hacia las estaciones superiores y, finalmente, hacia La Mejicana. Algunas de esas estaciones requieren hoy trekking o recorridos especializados, mientras que las primeras permiten un acercamiento más accesible al patrimonio minero de Chilecito.

Por eso visitar la Estación Nº 2 no significa simplemente conocer una antigua estructura industrial. Significa ubicarse en medio de una historia donde la montaña, el trabajo humano y la ingeniería tuvieron que encontrar una manera de convivir.

Para quien visite Chilecito buscando algo más que un paisaje hermoso, este sitio permite comprender de dónde viene buena parte de la identidad de la ciudad. El Famatina deja de ser solamente una montaña distante. Se convierte en protagonista de una historia de minería, innovación, esfuerzo humano y transformación territorial.

Y quizá esa sea la sensación que permanece después de recorrer la estación: mirar nuevamente hacia el valle y entender que esas estructuras que hoy parecen inmóviles alguna vez estuvieron llenas de movimiento.

Más de un siglo después, ya no transportan minerales.

Ahora transportan memoria.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

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