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La OMPT encontró en Posada Las Marías el descanso que completa la experiencia de descubrir Chilecito

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 4 días
3 min de lectura

Tras dos noches de alojamiento en Chilecito, la experiencia de la OMPT puso el foco en un aspecto esencial del viaje: recuperar el cuerpo después de recorrer un territorio marcado por montañas, patrimonio, historia y paisajes. Camas cómodas, habitaciones cálidas y espacios verdes hicieron de Posada Las Marías un punto de pausa entre una jornada y la siguiente.

Viajar también significa aprender a detenerse. Durante dos noches de estadía en Posada Las Marías, en Saavedra 756, Chilecito, provincia de La Rioja, Argentina, la OMPT encontró un alojamiento donde el descanso acompañó una agenda dedicada a recorrer, conocer y sentir este destino riojano. La comodidad de las camas, la calidez de las habitaciones, los espacios verdes y su personal fueron parte de una experiencia en la que hospedarse dejó de ser solamente una necesidad logística para convertirse en una continuación del viaje.

Chilecito propone días intensos para quien desea conocerlo. Su territorio permite acercarse a la historia del Cable Carril Chilecito – La Mejicana, recorrer la Estación 2 y continuar hacia otros puntos de aquel sistema de nueve estaciones y aproximadamente 35 kilómetros que vinculaba la ciudad con la explotación minera de La Mejicana, en el cordón del Famatina. A eso se suman lugares como Samay Huasi, la Tambería del Inca, el Cristo del Portezuelo y los caminos que conducen hacia los faldeos del Famatina.

También está la Cuesta de Miranda, sobre la Ruta Nacional 40, donde el camino atraviesa cerros, quebradas y miradores que hacen del traslado una experiencia visual en sí misma. Es uno de esos recorridos que obligan a mirar por la ventanilla con atención: el color de la tierra cambia, aparecen cardones y el paisaje se abre y se cierra mientras la ruta avanza entre las montañas.


El descanso también forma parte del viaje

Desde la mirada del turismo sensorial, existe un momento del día que muchas veces queda fuera de las historias de viaje: el regreso.

Después de caminar, mirar, escuchar explicaciones, detenerse frente a una montaña, entrar a un museo o recorrer caminos durante horas, el cuerpo también guarda memoria. Las piernas sienten la distancia recorrida, los ojos acumulan imágenes y la mente necesita bajar el ritmo.

En Posada Las Marías, esa transición se sintió especialmente en sus espacios verdes. Después de las jornadas de ir y venir por Chilecito, poder caminar sobre el césped descalzo permitió cambiar el registro del día. La sensación fresca bajo los pies, el contacto directo con el suelo y unos minutos sin prisa ayudaron a recuperar una calma sencilla que, en medio de un viaje activo, adquiere otro valor.

Luego llegaba la habitación. Encontrar una cama cómoda después de varias horas recorriendo el destino fue uno de los aspectos más valorados durante las dos noches de estadía de la OMPT. La sensación de abrigo y tranquilidad del espacio permitió que el descanso fuera real y no apenas una pausa antes de comenzar nuevamente.

No se trata de separar alojamiento y destino. En una experiencia turística bien construida, ambos momentos se complementan. Chilecito estimula los sentidos durante el día; el alojamiento debe permitirles descansar durante la noche.

Chilecito, entre movimiento y pausa

La ciudad y su entorno reúnen propuestas culturales, arqueológicas, históricas y naturales. Samay Huasi, por ejemplo, conserva un vínculo particular con el descanso: su nombre significa “casa de reposo” y el lugar mantiene jardines, espacios culturales y la memoria de Joaquín V. González

Así, recorrer Chilecito puede convertirse en una sucesión de contrastes: patrimonio industrial y jardines, montaña y ciudad, caminos abiertos y habitaciones silenciosas, movimiento durante el día y quietud al regresar.

Para la OMPT, que busca visibilizar los destinos desde una mirada periodística, territorial y sensorial, la estadía en Posada Las Marías permitió comprobar algo elemental: descansar también es parte de conocer un lugar.

Cuando termina el recorrido y todavía permanecen en la memoria los colores de las montañas, las historias escuchadas y las imágenes acumuladas durante el día, encontrar una habitación cálida, una cama cómoda y un espacio verde donde volver a sentir el suelo bajo los pies completa la experiencia.

Chilecito invita a salir temprano y descubrir. Posada Las Marías ofrece, al regreso, la posibilidad de detenerse. Y entre esas dos acciones explorar y descansar también se construye el recuerdo de un viaje.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior


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