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La OMPT vive en Tinogasta una experiencia de cerámica que conecta las manos con la tierra

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 4 días
4 min de lectura

En el taller Madre Tierra, en Tinogasta, Catamarca, una visita de la OMPT permitió conocer el proceso artesanal de la arcilla, modelar piezas propias y acercarse, desde el tacto, a saberes que forman parte de la identidad cultural del territorio.

En Tinogasta, provincia de Catamarca, Argentina, la tierra no solo se observa en los cerros: también se toca, se humedece, se amasa y termina convirtiéndose en una pieza hecha con las propias manos. Esa fue la experiencia vivida por la OMPT durante una visita al espacio de la artesana Ramona Quispe, vinculada al taller Madre Tierra, donde el grupo conoció de cerca el proceso de elaboración de cerámica artesanal y participó directamente en el modelado de arcilla.

La experiencia forma parte de la propuesta turística “Tinogasta, Tierra de Sensaciones”, que busca acercar al visitante al territorio a través de los sentidos. El turismo de Catamarca identifica al taller Madre Tierra y a la artesana Ramona Quispe como parte de este recorrido, en el que se presentan diferentes tipos de arcilla de la región, con variaciones de color y textura, y se invita a cada participante a moldear una pieza que puede llevar consigo.


La arcilla antes de convertirse en pieza

La visita comenzó lejos de una vitrina y cerca de la materia prima. Sobre una mesa sencilla aparecieron piedras, fragmentos secos, masas húmedas, recipientes y piezas en diferentes etapas de elaboración. Allí comenzó la explicación: lo que inicialmente parece una piedra dura puede transformarse después de permanecer en agua, deshacerse, ser colado, reposar y secarse hasta alcanzar la consistencia necesaria para trabajarla.

Las manos de la artesana fueron mostrando cada etapa. Había arcillas de tonalidades diferentes, algunas más claras, otras rojizas y grises. Según explicó durante el encuentro, la composición también puede variar de acuerdo con el sector donde se obtiene la tierra.

Ese dato llevó inevitablemente la conversación hacia el paisaje catamarqueño. Los colores de los cerros, la tierra seca y los materiales que aparecen en distintos niveles del terreno dejaron de ser únicamente parte del paisaje para convertirse en materia de trabajo.

La cerámica comenzaba mucho antes de llegar a la mesa.


Una experiencia que se entiende con las manos

Después llegó el momento que cambió la posición del visitante: dejar de mirar y comenzar a tocar.

Cada participante tomó una porción de arcilla. Primero apareció la sensación fría y húmeda en las manos; después, la presión de los dedos, las marcas inevitables y el intento de dar forma a algo que pocos minutos antes era apenas un trozo de barro.

Entre indicaciones, preguntas y risas, surgieron pequeñas piezas, cuencos y formas todavía imperfectas. No se buscaba convertir al visitante en artesano en unos minutos. La experiencia permitía comprender algo más sencillo y profundo: detrás de un objeto de cerámica existe tiempo, práctica, paciencia y conocimiento manual.

En ese momento, el tacto se convirtió en el hilo conductor del recorrido.

La arcilla se pegaba ligeramente a los dedos. Había que aprender a presionar sin romper, alisar sin borrar completamente las huellas y hacer que una masa blanda comenzara a sostenerse por sí misma. Alrededor, las paredes de ladrillo, las mesas cubiertas con textiles y la luz intensa de Tinogasta componían un escenario doméstico, alejado de una demostración montada exclusivamente para turistas.

Era una casa-taller.

Y esa cercanía hacía parte de la experiencia.


Piezas pequeñas que cuentan un territorio

En el interior podían observarse vasijas, recipientes, pequeñas tinajas, figuras, cuencos y otros objetos de cerámica. Algunas piezas cumplen funciones domésticas; otras se ofrecen como recuerdos de Catamarca.

La artesana explicó que esas pequeñas tinajas pueden acompañar productos locales o convertirse simplemente en una memoria material del viaje. Pero detrás de su tamaño existe un conocimiento que exige dominio de los dedos y comprensión de las características de la arcilla.

La tradición alfarera tiene antecedentes antiguos en el oeste catamarqueño. Investigaciones arqueológicas sobre el valle de Abaucán, en el departamento de Tinogasta, han estudiado la producción cerámica prehispánica y las prácticas tecnológicas desarrolladas por comunidades alfareras de la región durante el primer milenio de nuestra era.

Ese contexto permite entender que trabajar la arcilla en Tinogasta no es solamente producir un objeto decorativo. También significa acercarse a una larga relación entre las personas, el suelo y las formas de transformar los materiales disponibles en el territorio.

De la observación a la conexión con la Pachamama

Para la OMPT, la jornada permitió vivir el turismo desde otra perspectiva: no solamente desplazarse hacia un destino, sino entrar en contacto con quienes conservan y transmiten sus conocimientos.


La tierra pasó del paisaje a las manos.

Ese gesto sencillo ayudó a comprender la referencia a la Pachamama, la Madre Tierra presente en expresiones culturales del noroeste argentino. En Tinogasta, esa conexión adquiere una dimensión concreta cuando la tierra se transforma en arcilla y la arcilla, mediante el trabajo humano, se convierte en una pieza.

No hizo falta una gran infraestructura para provocar la experiencia. Bastaron una mesa, la explicación pausada de la artesana, varias porciones de barro y la disposición de los visitantes para ensuciarse las manos.


Una experiencia recomendada para descubrir Tinogasta de otra manera

Quienes visiten Tinogasta pueden encontrar en este tipo de propuestas una alternativa para conocer el destino más allá de sus paisajes. Aprender a modelar una pieza de cerámica, reconocer las distintas arcillas y conversar directamente con una artesana local permite acercarse a la cultura desde la participación y no únicamente desde la contemplación.

La propuesta oficial “Tinogasta, Tierra de Sensaciones” se realiza con reserva previa y articula distintas experiencias sensoriales del territorio; la información turística de Catamarca señala que el recorrido completo tiene una duración aproximada de dos horas y media y puede gestionarse a través de Turismo de Tinogasta.

Para la OMPT, visibilizar este tipo de experiencias significa comunicar destinos desde su gente, sus oficios y su territorio. Y en esta casa-taller de Tinogasta quedó una imagen sencilla para recordarlo: varias personas alrededor de una mesa, con las manos manchadas de arcilla y una pequeña pieza tomando forma.

Porque algunas veces el recuerdo de un viaje no se compra terminado.

Se hace con las propias manos.



Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

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