La OMPT recorre el camino hacia Laguna Brava y descubre la inmensidad de la alta montaña riojana
Desde Villa Unión, una travesía en vehículos 4x4 avanzó por la Ruta Nacional 76 hacia uno de los grandes paisajes altoandinos de La Rioja, donde la memoria de los arrieros, el frío, el viento, la nieve y la inmensidad de la cordillera transforman el viaje en una experiencia de turismo sensorial.
LA RIOJA, ARGENTINA. El camino hacia Laguna Brava comenzó en Villa Unión a bordo de camionetas 4x4 de Triásico Aventura. Desde allí, la ruta fue ganando altura mientras el paisaje cambiaba de escala, color y temperatura. El conductor César Garrot acompañó el recorrido con explicaciones sobre la geografía, el clima y la historia de estos caminos cordilleranos, haciendo que aquello que se escuchaba dentro del vehículo pudiera reconocerse, pocos minutos después, al mirar por la ventanilla.
La Reserva Provincial Laguna Brava está ubicada en el departamento Vinchina, en plena Cordillera de los Andes, cerca del límite entre Argentina y Chile. Se accede por la Ruta Nacional 76 y se extiende sobre un territorio altoandino de más de 405.000 hectáreas, con sectores que alcanzan los 4.500 metros sobre el nivel del mar. Por su relevancia ambiental forma parte de los Humedales de Importancia Internacional de la Convención Ramsar.
Llegar hasta allí, es mucho más que alcanzar un punto en el mapa.
La travesía obliga a observar cómo el territorio se transforma kilómetro a kilómetro. La vegetación comienza a hacerse más escasa, aparecen extensiones minerales, montañas de diferentes tonalidades y una cordillera que progresivamente ocupa todo el horizonte. La altura también empieza a sentirse en el cuerpo y el frío deja de ser una referencia climática para convertirse en parte de la experiencia.
Durante el viaje, Garrot fue recuperando además la memoria de los antiguos arrieros que transitaban estos pasos. Según explicó durante el recorrido, varios nombres utilizados en esta geografía nacieron de aquella relación entre las personas, los animales y una montaña que imponía sus propias condiciones. En su relato apareció también el llamado viento blanco, fenómeno asociado históricamente a las dificultades de atravesar estos territorios cuando la nieve y el viento reducían drásticamente la visibilidad.
Esa relación con las condiciones extremas ayuda también a comprender el nombre de Laguna Brava desde la tradición oral compartida durante la excursión: una laguna ligada al viento, al frío y a una sensación térmica capaz de cambiar rápidamente la percepción del lugar.
El recorrido turístico actual debe realizarse con planificación. El ingreso a la reserva se efectúa mediante excursiones organizadas con guías habilitados y vehículos 4x4, precisamente por la altura y las condiciones propias del terreno. Las bajas temperaturas, la nieve y los fuertes vientos pueden condicionar el acceso, especialmente fuera de los meses con clima más favorable.
Cerro El Pilar: la nieve antes de Laguna Brava
Uno de los momentos más intensos de la jornada llegó antes del destino final.
A unos seis kilómetros de Laguna Brava, según la referencia proporcionada durante la excursión, el grupo alcanzó el cerro El Pilar, a aproximadamente 4.000 metros de altitud. Allí, la nieve dejó de formar parte del horizonte para quedar directamente bajo los pies.
El silencio de la altura, el blanco extendiéndose sobre la montaña y un cielo de azul profundo modificaron el ritmo del viaje. Después de horas de ruta, bajar de las camionetas significó entrar físicamente en aquello que hasta entonces se contemplaba a distancia.
Desde la mirada del turismo sensorial, ese instante permitió entender la montaña desde algo más elemental que una fotografía: sentir el frío en el rostro, escuchar el sonido de los pasos sobre la nieve, percibir la intensidad de la luz reflejada sobre el blanco y descubrir una amplitud que obliga a detener la mirada.
Y entonces llegaron las fotografías.
Selfies, imágenes individuales, fotografías grupales y distintas poses intentaron conservar una escena que parecía desbordar el encuadre. No se trataba solamente de registrar el paisaje, sino de guardar la sensación de haber llegado hasta allí.
La experiencia también mostró algo esencial en la ruta de Laguna Brava: el destino comienza mucho antes de la laguna. Está en los kilómetros de ascenso, en la conversación con quien conoce la ruta, en las historias de arrieros, en las variaciones de temperatura, en los colores minerales y en esa primera aparición de la nieve que anticipa la dimensión de la cordillera.
Para la OMPT, recorrer estos territorios desde una mirada periodística y de turismo sensorial permite visibilizar destinos donde naturaleza, memoria y comunidad forman parte de una misma experiencia. No hace falta forzar la emoción: la propia geografía se encarga de producirla.
Continuar por la Ruta 76 hacia Laguna Brava es adentrarse en una de las expresiones más intensas del paisaje riojano. Es un recorrido que merece hacerse acompañado por prestadores y guías habilitados, respetando las condiciones de la montaña y dándose tiempo para mirar.
Porque allí arriba, antes incluso de alcanzar la laguna, la cordillera ya comenzó a contar su historia.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior




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