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La OMPT recorre el Cañón del Triásico: de las formas de la tierra al cielo de Banda Florida

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 3 días
5 min de lectura

En el departamento General Felipe Varela, provincia de La Rioja, Argentina, el recorrido por la Reserva Municipal Banda Florida combina formaciones geológicas, antiguos caminos, vegetación adaptada al ambiente árido, relatos de la comunidad y una experiencia nocturna que encuentra en el firmamento otro de sus grandes atractivos.

Las paredes rojizas del Cañón del Triásico invitan a detener la mirada en sus capas, colores y formas. En Banda Florida, departamento General Felipe Varela, al oeste de la provincia de La Rioja, Argentina, el recorrido de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) permitió acercarse, desde la mirada del turismo sensorial, a un territorio de historia geológica milenaria. Los sedimentos, el cauce y la vegetación acompañaron una experiencia que comenzó entre las montañas y terminó bajo un cielo nocturno despejado, con la contemplación del firmamento y la fotografía como protagonistas.

Banda Florida se encuentra vinculada territorialmente con Villa Unión, cabecera del departamento y punto estratégico para recorrer esta región riojana. Desde allí se accede a un circuito donde son posibles las travesías en vehículos 4x4, el trekking y las salidas nocturnas. Para ingresar al Cañón del Triásico se requiere vehículo 4x4 y se recomienda realizar la visita mediante guías o agencias habilitadas.


Banda Florida, el pueblo del otro lado

Antes de que comenzaran a dominar las montañas, apareció una explicación sencilla que ayudó a comprender el nombre del lugar.

“Nosotros los pueblos del norte tenemos banda, como Santiago, Salta. Banda se le dice al pueblito que está del otro lado del río”, explicó uno de los habitantes durante el trayecto.

La frase pone al territorio en palabras. Banda Florida no es solamente una referencia geográfica: forma parte de una comunidad que conserva relatos sobre sus caminos, su relación con el agua, sus actividades productivas y su vida junto a las montañas.

Durante la conversación también aparecieron las acequias y el sistema de riego, elementos cotidianos que muestran la importancia del agua en una región de condiciones secas. Los habitantes describieron cómo su disponibilidad cambia a lo largo del año y cómo el río, las vertientes y la montaña forman parte de la vida local.

El recorrido recordó además la identidad cultural de Banda Florida como tierra de poetas y cantores, con relatos acerca de un anfiteatro natural al pie del cerro y celebraciones vinculadas con las tradiciones locales. Son historias que acompañan al viajero antes de entrar de lleno en el paisaje geológico.

Un territorio escrito en capas

Al avanzar hacia Los Colorados de Banda Florida, los caminos comienzan a internarse entre montañas de tonos rojos, amarillos, ocres, grises y violáceos. Parte del trayecto sigue antiguos caminos que, de acuerdo con los testimonios recogidos durante la visita, tuvieron usos vinculados con la actividad minera.


Después llega el cauce.

El vehículo desciende y la sensación cambia. La amplitud queda atrás por momentos y las paredes comienzan a acercarse. El suelo cruje debajo de los pasos. Hay piedras sueltas, sedimentos, arbustos bajos y cactus que interrumpen una geografía dominada por la roca.

La importancia científica de esta región supera ampliamente su impacto visual. La cuenca Ischigualasto–Villa Unión, extendida entre La Rioja y San Juan, conserva una sucesión geológica de enorme relevancia para el conocimiento del Triásico, con registros sedimentarios y paleontológicos que documentan ambientes y formas de vida de hace más de 200 millones de años. Su historia está vinculada a procesos tectónicos y sedimentarios ocurridos durante la fragmentación de Pangea.

Por eso, las fracturas, estratos y cambios de color que aparecen durante el recorrido deben entenderse como parte de una historia geológica compleja, construida a lo largo de millones de años y no como resultado de un único acontecimiento.


Las “bochas”, pequeñas formas que detienen el paso

Entre los elementos que despiertan mayor curiosidad aparecen las formaciones redondeadas conocidas localmente como “bochas”.

No son objetos colocados allí por la mano humana. Forman parte del terreno y obligan a agacharse, observar sus formas y preguntarse cómo pudo la naturaleza producir estructuras casi esféricas entre sedimentos y roca fragmentada.

Ese momento resume bien la experiencia del Cañón del Triásico: la escala cambia constantemente. Por momentos se mira una montaña completa; segundos después, toda la atención queda concentrada en una roca que cabe entre las manos.

El circuito invita también a jugar con la imaginación. Los pobladores y guías reconocen siluetas en las montañas y les asignan nombres: una tortuga, un submarino y otras figuras que aparecen dependiendo del ángulo, la luz y la disposición del observador.

No se trata solamente de recorrer kilómetros. Se trata de aprender a mirar.

De la memoria humana a la vegetación del desierto

Durante el trayecto surgió también la memoria de los pueblos originarios, especialmente de los diaguitas, cuya presencia histórica forma parte del amplio patrimonio cultural del noroeste argentino. Los relatos locales vinculan distintos sectores del paisaje con antiguas ocupaciones y con el aprovechamiento de plantas del ambiente.

Retamo, algarrobo, brea, pencas y otras especies acompañan el camino. Algunas mantienen el verde en medio de un escenario aparentemente seco; otras se confunden con el color de la tierra.

Desde la mirada del turismo sensorial, esta vegetación cambia el recorrido. Hay que acercarse para distinguirla, tocar con cuidado las texturas permitidas, reconocer aromas y escuchar las explicaciones de quienes han aprendido a interpretar esas plantas dentro de su territorio.



Cuando la mirada abandona la tierra

El recorrido puede realizarse durante el día y también en horario nocturno, una modalidad vinculada al astroturismo que forma parte de la oferta turística de la zona.

Y allí ocurrió uno de los momentos más significativos de la experiencia.

Después de pasar horas mirando paredes, estratos, sedimentos, formas y colores, cayó la noche. La montaña perdió lentamente sus tonos rojizos y comenzó a convertirse en silueta. El silencio ganó espacio. El cielo despejado hizo el resto.

La imaginación, que durante la tarde había buscado animales y figuras entre las montañas, dejó la tierra y subió al firmamento.

Las fotografías en modo nocturno se convirtieron entonces en parte de la experiencia: buscar estrellas, encuadrar la luna, permanecer quietos unos segundos y descubrir cuánto puede revelar una cámara cuando alrededor casi todo parece oscuro.

Fue una manera distinta de terminar el recorrido. Primero, millones de años bajo los pies. Después, un cielo abierto sobre la cabeza.


Un destino para recorrer despacio

El Cañón del Triásico reúne aventura, geología, paisaje, memoria local y observación nocturna en un mismo circuito. Desde Villa Unión y Banda Florida, este rincón de La Rioja ofrece una experiencia especialmente valiosa para quienes buscan algo más que una fotografía: comprender el territorio mientras lo caminan, escucharlo a través de sus habitantes y permitir que el paisaje cambie con las horas.

Para la OMPT, recorrer Banda Florida desde una mirada de turismo sensorial significa precisamente eso: ver los colores, sentir la textura del terreno, escuchar el silencio del cañón, reconocer las voces de la comunidad y, al llegar la noche, levantar la mirada.

Quien llegue hasta aquí encontrará razones para detenerse. Algunas están escritas en la montaña desde hace millones de años. Otras aparecen cuando el último color del atardecer desaparece y comienza a encenderse el cielo.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

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