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La OMPT recorre la Estación N.º 1 del Cable Carril Chilecito–La Mejicana: la memoria minera permanece entre hierro, montaña y silencio

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
15 oct
3 min de lectura

En Chilecito, La Rioja, Argentina, la visita al Museo del Cable Carril Dr. Santiago Bazán permite acercarse a una obra que unió la ciudad con la mina La Mejicana y, al mismo tiempo, reconocer las historias humanas que quedaron ligadas a la montaña.

En la Estación N.º 1 del Cable Carril Chilecito - La Mejicana, el tiempo parece haber reducido la velocidad. La estructura industrial permanece mientras las voces de una visita guiada comienzan a devolverle movimiento a aquello que hoy está quieto.

Durante su recorrido por Chilecito, integrantes de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (la OMPT) llegaron al Museo del Cable Carril Dr. Santiago Bazán para conocer la historia de una infraestructura concebida a comienzos del siglo XX para transportar el mineral extraído en la Sierra de Famatina.

La experiencia avanza entre piezas originales, herramientas, minerales, documentos, fotografías y antiguos mecanismos. Cada elemento permite dimensionar lo que significaba trabajar. Cuando el ascenso hacia las estaciones superiores dependía de la fuerza humana, de animales de carga y de soluciones de ingeniería adaptadas a una geografía exigente.

Una de las historias relatadas durante el recorrido cambia la manera de observar aquellas estructuras: algunos cables debieron avanzar montaña arriba sostenidos sobre los hombros de grupos de trabajadores. Las piezas más pesadas exigieron todavía más esfuerzo. Calderas de varias toneladas fueron trasladadas por hombres que progresaban lentamente por un territorio donde la altura aumentaba a medida que avanzaba el trazado.

El recorrido del Cable Carril estaba compuesto por nueve estaciones, extendidas desde Chilecito hasta La Mejicana, a aproximadamente 4.600 metros sobre el nivel del mar. Entre ambas se desplegó una obra que superaba los 34 kilómetros y que utilizaba máquinas de vapor para mantener en funcionamiento diferentes secciones.

Pero dentro del museo las dimensiones dejan de ser solamente números.

Una bota de trabajo habla del frío. Las herramientas acercan a las manos que alguna vez las utilizaron. Los registros escritos a pluma recuerdan que detrás de toneladas de mineral existieron nombres, tareas, horarios y personas. Y el antiguo sistema telefónico, que acompañaba el recorrido entre estaciones, permite pensar en voces comunicándose a través de kilómetros de montaña cuando desplazarse físicamente entre algunos puntos podía tomar horas.


La visita también permite comprender las condiciones en las que permanecían los trabajadores en las estaciones superiores. La altura, las bajas temperaturas, el esfuerzo físico y los períodos lejos de Chilecito formaban parte de una rutina laboral que hoy adquiere otra dimensión cuando se escucha frente a los objetos que sobrevivieron a aquella época.

Desde una mirada de turismo sensorial, el museo propone observar sin prisa. Las texturas del metal y la madera, el tamaño de las antiguas piezas y el silencio actual construyen un contraste permanente con la actividad que alguna vez ocupó este espacio.

El Cable Carril transportó minerales vinculados al oro, la plata y el cobre, mientras en dirección contraria ascendían alimentos, agua, combustible, herramientas y materiales necesarios para mantener funcionando las instalaciones y sostener a quienes trabajaban en ellas.

La Estación N.º 1 permite, entonces, comenzar a comprender la montaña antes de intentar recorrerla.

Conocer primero las historias cambia la forma de mirar después hacia el Famatina. Las estaciones dejan de ser números sobre un trazado y empiezan a representar esfuerzo, tecnología, distancia y adaptación.

El Museo del Cable Carril Dr. Santiago Bazán conserva esa memoria en Chilecito. Recorrerlo permite acercarse al patrimonio industrial riojano desde una perspectiva en la que la ingeniería explica una parte de la historia, mientras los objetos, los relatos y las huellas del trabajo permiten sentir la otra.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior


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