La OMPT recorre Pueblo Perdido de la Quebrada: memoria, paisaje y sabor ancestral en Catamarca, Argentina.
A pocos kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca, la delegación de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) llegó a Pueblo Perdido de la Quebrada, un sitio arqueológico donde caminar implica avanzar sobre una historia que comenzó hace más de 1.800 años.
El recorrido se adentra en la Quebrada del Tala, dentro de un paisaje de monte seco, piedra, cardones y senderos que obligan a bajar el ritmo. El ascenso es breve, pero suficiente para cambiar la percepción: el ruido urbano desaparece, la tierra se vuelve protagonista y la vista empieza a abrirse entre quebradas y vegetación nativa.
Desde la mirada del turismo sensorial, Pueblo Perdido no se visita únicamente para observar vestigios. Se recorre con el cuerpo. La textura del suelo, el calor, la sombra intermitente de los árboles, el silencio y la altura construyen una experiencia que ayuda a imaginar cómo se habitaba este territorio siglos atrás.
La vida cotidiana de la cultura La Aguada
El sitio conserva restos vinculados a la cultura La Aguada. Allí se reconocen antiguas viviendas, patios, depósitos, corrales, espacios abiertos, plazas y un sector ceremonial.
Las construcciones fueron levantadas con piedra laja y barro mediante técnicas que permitían crear muros resistentes. Los techos se sostenían con vigas de madera, ramas entrecruzadas y capas de barro que ayudaban a impermeabilizar.
Pero lo más potente no está únicamente en la arquitectura.
Las investigaciones arqueológicas permiten acercarse a la vida cotidiana de quienes habitaron el lugar: hilado, tejido, preparación de alimentos, almacenamiento de frutos y harinas, crianza de llamas y uso de especies como algarrobo, chañar y maíz.
El algarrobo aportaba madera y alimento. El chañar formaba parte de preparaciones tradicionales. El maíz tenía valor económico y ritual. Los corrales muestran la importancia de las llamas como fuente de carne, lana y transporte.
Cada elemento revela una relación estrecha entre comunidad y territorio.
Un paisaje que también tenía sentido espiritual
En la parte más alta se encuentra el sector ceremonial, orientado hacia las sierras. Allí aparece con fuerza la figura del felino, jaguar o yaguareté, representado en cerámicas, piedras, maderas y otras expresiones simbólicas.
La presencia de esta imagen permite comprender que el sitio no era únicamente un lugar para vivir, producir y almacenar. También existía una dimensión ritual, una forma de interpretar el entorno y de relacionarse con fuerzas consideradas superiores.
La visita cambia cuando se entiende esto.
Las piedras dejan de ser solo restos.
Los espacios dejan de ser solo estructuras.
El sitio comienza a recuperar humanidad.
La tierra también se vuelve sabor
Al regresar del recorrido, la experiencia tomó otra dirección.
La OMPT fue recibida con una preparación tradicional conocida como cabeza guateada, cocida lentamente bajo tierra durante aproximadamente 24 horas.
La técnica utiliza el calor acumulado en un pozo para lograr una cocción prolongada. La carne se ablanda, los tejidos se transforman y el resultado se comparte de manera comunitaria.
El cierre fue especialmente simbólico.
Durante la mañana, la tierra había conservado restos de una cultura antigua.
Horas después, esa misma tierra había conservado calor para preparar alimento.
Una visita para recomendar
Pueblo Perdido de la Quebrada merece ser incluido en cualquier recorrido por Catamarca para quienes buscan arqueología, naturaleza, historia, cultura y experiencias con identidad territorial.
No es una visita para correr.
Es un lugar para caminar, observar, escuchar y permitir que el paisaje haga su trabajo.
Porque en este rincón de Catamarca, la historia no está encerrada en una vitrina.
Sigue extendida sobre la tierra.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior




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