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La OMPT visita Bodega de la Calle Oscura: vino, adobe y sabores que cuentan a Tinogasta

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 6 días
3 min de lectura

En El Puesto, Tinogasta, una bodega familiar propone conocer el vino desde la elaboración y los sentidos, entre paredes de adobe, barricas, variedades locales y una degustación que invita a reconocer el territorio en cada copa.

La luz cálida sobre el cartel de Bodega de la Calle Oscura marca el comienzo de una experiencia que va mucho más allá de probar vino. En El Puesto, Tinogasta, provincia de Catamarca, Argentina, recorrió esta bodega familiar donde el adobe, la madera, los techos de caña y las antiguas puertas conviven con tanques de acero, barricas, equipos de laboratorio y botellas listas para salir al mercado.

El contraste se siente desde los primeros pasos. La textura de las paredes recuerda una casa de campo; unos metros después, el brillo metálico de los tanques cambia por completo la escena. Allí explican cómo la uva pasa de la cosecha manual a la fermentación, los controles y el embotellado. Durante la vendimia, contaron, las jornadas pueden extenderse hasta la madrugada porque la fruta impone sus propios tiempos.

La bodega trabaja con variedades como Bonarda, Malbec, Torrontés, Moscatel, Chardonnay, Merlot, Cabernet Franc, Criolla Chica y Cereza, entre otras. Parte de la uva procede de fincas de la zona y también se adquieren pequeñas cantidades a productores locales, un vínculo que conecta la elaboración con las familias y el trabajo del territorio.

Pero es frente a las copas donde el recorrido cambia de ritmo.

La mesa esperaba preparada con quesos, panes, embutidos, dulces y membrillo. La degustación comenzó con vinos más frescos y suaves, y fue avanzando hacia expresiones de mayor cuerpo e intensidad. Cada copa obligaba a detenerse: mirar el color, acercarla a la nariz, buscar un aroma conocido y después comprobar cómo cambiaba en boca al acompañarla con algún alimento.

Aparecieron recuerdos de rosa, frutilla, durazno, damasco, miel, nueces y hierbas. No se trataba de acertar nombres, sino de relacionar el vino con aromas guardados en la memoria. Esa dinámica convierte la cata en un juego sencillo y cercano, incluso para quien llega sin conocimientos de enología.

Entre las elaboraciones que despertaron curiosidad estuvo el rosado de Cereza, fresco y frutal, y también el vino naranjo, de mayor intensidad. Sin embargo, uno de los momentos más llamativos llegó con el Bonarda.

En la bodega lo llaman afectuosamente “la niña bonita”. Según explicaron durante la visita, muchos viajeros llegan preguntando por Malbec o Cabernet Franc y terminan descubriendo el Bonarda, una variedad que encuentra aquí un espacio importante en la degustación. Más que competir con otros vinos, su presencia invita a probar sin prejuicios y a ampliar el mapa de sabores del viajero.

Otro elemento que acompaña la experiencia es Mulánima, nombre que aparece en las etiquetas y conecta las botellas con una leyenda popular del noroeste argentino. La figura, asociada en los relatos tradicionales a noches, cadenas y antiguos castigos, fue llevada al diseño de los vinos y aporta una dimensión cultural que trasciende lo gastronómico.

La visita también permite entrar al laboratorio, observar el área de barricas, conocer la línea de etiquetado y entender que detrás de una pequeña bodega existe seguimiento técnico, ensayo y paciencia. Nada ocurre de inmediato: el vino necesita tiempo, control y decisiones.

Para la OMPT, Bodega de la Calle Oscura es una experiencia recomendable dentro de un recorrido por Tinogasta porque permite conocer el territorio desde varios sentidos a la vez. Se escucha la historia, se observa la arquitectura, se sienten las texturas del adobe y la madera, se reconocen aromas y finalmente se prueba el paisaje convertido en vino.

Al terminar, quedan las copas vacías, algunas botellas elegidas para continuar el viaje y una sensación difícil de obtener desde una vitrina: haber entendido un poco mejor el lugar a través de quienes lo trabajan y de lo que nace de su tierra.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

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