OMPT en Killa Qullqi: hospitalidad, sabores y paisaje en Fiambalá, Catamarca, Argentina.
En Fiambalá, donde el paisaje se abre entre montaña, silencio y tierra árida, Killa Qullqi – Posada & Gastronomía propone una experiencia que va más allá de dormir o sentarse a comer. La visita de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) permitió conocer un emprendimiento construido de manera progresiva, ligado a los oficios, a la cocina regional y a una forma de hospitalidad que busca conservar la identidad del territorio.
La experiencia comienza con la sensación de amplitud. Las habitaciones, distribuidas en distintos formatos, fueron pensadas para recibir tanto a viajeros individuales como a grupos. El establecimiento cuenta con seis habitaciones y una suite, con una capacidad total de 34 plazas. La suite incorpora jacuzzi y, en varias de las habitaciones, el paisaje entra a través de ventanales y balcones que permiten contemplar el entorno montañoso.
Uno de los detalles que mejor explica la filosofía del lugar aparece en sus baños. Son espacios generosos, de aproximadamente tres por tres metros, concebidos así por decisión de su propietaria, Susana M Castro, a partir de su propia experiencia como viajera. La intención fue concreta: que ducharse, bañarse o simplemente moverse dentro del baño no se convierta en una incomodidad. Ese tipo de decisiones sencillas terminan siendo las que el cuerpo recuerda durante una estadía.
De la orfebrería a un proyecto turístico
La historia de Killa Qullqi no empezó con habitaciones.
Susana cuenta que su actividad inicial estaba vinculada a la orfebrería, la platería y la alfarería, trabajando directamente con quienes llegaban como turistas. Con el tiempo, al identificar carencias en los servicios disponibles para los visitantes de Fiambalá, el proyecto comenzó a transformarse.
Primero llegó la gastronomía.
La carta inicial tenía apenas tres platos: locro, humita y empanadas. Cocina regional, directa y reconocible. A partir de allí, y mediante una reinversión constante, la propuesta fue creciendo hasta incorporar alojamiento, nuevos servicios gastronómicos y otras prestaciones vinculadas al turismo.
Esa evolución ayuda a entender por qué Killa Qullqi conserva todavía un carácter cercano. No nació como una infraestructura diseñada de una sola vez, sino como un emprendimiento que fue respondiendo a necesidades concretas del viajero.
Comer también puede ser una forma de conocer Fiambalá
Durante la visita de la OMPT, la mesa se convirtió en otro territorio para explorar.
Primero llegaron las empanadas y luego un lechón asado, servido para compartir. El almuerzo permitió pasar de la información a algo mucho más elemental: aroma, textura, temperatura, conversación y tiempo alrededor de una mesa.
La gastronomía aquí no funciona únicamente como servicio complementario al hospedaje. Forma parte de la identidad del proyecto.
Killa Qullqi dispone además de una capacidad gastronómica de 70 cubiertos, lo que le permite recibir grupos sin abandonar la propuesta de cocina regional y atención cercana.
En turismo sensorial, un destino no se comprende solamente mirando. También se reconoce por lo que huele, por lo que se prueba y por las conversaciones que aparecen mientras la comida circula entre los comensales.
Una posada conectada con el paisaje
Killa Qullqi se encuentra en:
Abaucán s/n, Barrio Barranco, Fiambalá, Catamarca, Argentina.
Su ubicación permite mantener una relación visual directa con el paisaje del valle y las montañas que rodean Fiambalá. Además, se encuentra a aproximadamente 15 kilómetros de las Termas de Fiambalá, uno de los atractivos turísticos más conocidos de la zona. Ese dato no es menor. Permite utilizar la posada como punto de estancia para quienes desean recorrer Fiambalá y combinar naturaleza, termalismo, gastronomía y cultura local.
Turismo que también sostiene familias
Hay otro aspecto que merece ser contado.
Durante la conversación con la OMPT, Susana destacó que varias de las mujeres que trabajan en el establecimiento son cabezas de familia. Desde su mirada, el turismo no debe entenderse únicamente como el dinero que deja un visitante en un alojamiento o en un restaurante, sino como una economía que se extiende hacia otras personas y hogares.
En pequeñas localidades, esa cadena puede ser determinante.
El turismo tiene una presencia relevante en la economía del área de Fiambalá, un territorio donde las actividades tradicionales conviven hoy con nuevas dinámicas productivas y turísticas.
Por eso, detrás de una habitación preparada o de un plato servido existe algo menos visible: empleo, ingresos y familias vinculadas a la actividad turística.
Una experiencia para quedarse un poco más
Killa Qullqi combina hospedaje, cocina, paisaje y una historia construida desde los oficios y el emprendimiento local.
No es necesario exagerar su propuesta para encontrar su valor. Está precisamente en lo cotidiano: entrar a una habitación amplia después de recorrer Fiambalá, mirar las montañas desde el alojamiento, sentarse alrededor de una mesa, probar sabores regionales y escuchar la historia de quienes decidieron construir allí su proyecto de vida.
Para quienes planean conocer Fiambalá, sus termas y los paisajes del oeste catamarqueño, Killa Qullqi puede incorporarse naturalmente al recorrido como lugar de alojamiento y gastronomía, especialmente si se busca una experiencia ligada al territorio y no un hospedaje desconectado de él.
La visita de la OMPT dejó una sensación clara: en este rincón de Catamarca, la hospitalidad no aparece como un discurso. Se percibe en los espacios, se comparte en la mesa y termina convirtiéndose en parte del viaje.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior




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