La OMPT conoció Huellas Hostel-Resto, una nueva propuesta de hospitalidad y gastronomía en San Fernando del Valle de Catamarca, Argentina

En pleno centro de la capital catamarqueña, un antiguo inmueble recuperado comienza una nueva etapa como hostel y restaurante, con cocina regional, diseño contemporáneo y un techo corredizo pensado para cenar bajo las estrellas.
En San Martín 390, entre Junín y Maipú, en San Fernando del Valle de Catamarca, Argentina, una antigua construcción vinculada al ex Registro Civil vuelve a recibir visitantes con otra vocación: convertirse en un espacio de alojamiento, gastronomía y encuentro. Allí funciona Huellas Hostel-Resto, un proyecto que la OMPT conoció durante sus primeros días de puesta en marcha, cuando todavía se afinaban detalles antes de abrir regularmente sus puertas al público.
La iniciativa está encabezada por María Celeste Medina y Martín Alanis Breppe, arquitecto vinculado directamente con la transformación del inmueble. El proyecto nació inicialmente como hostel y posteriormente incorporó el restaurante, ampliando su propuesta hacia una experiencia de hospitalidad más integral.
Todavía no existe una fecha formal de inauguración. Esa circunstancia convirtió la visita en algo particular: el grupo de periodistas de la OMPT estuvo entre los primeros invitados de un espacio que apenas comienza a construir su historia.
Una arquitectura que conserva las huellas anteriores.

La primera impresión llega antes de sentarse a la mesa.
Muros de piedra y ladrillo expuesto, puertas antiguas, arcos, madera, columnas y estructuras metálicas revelan distintas capas del edificio. La intervención contemporánea no intenta borrar esas marcas, sino utilizarlas como parte de la identidad del lugar.
Uno de los puntos visuales más fuertes está en la barra. Allí, una sucesión de arcos geométricos enmarca las botellas y crea un fondo reconocible que dialoga con los arcos arquitectónicos del salón. La iluminación cálida, las plantas suspendidas y las texturas originales convierten distintos rincones en escenarios naturales para la fotografía.
Ese detalle no es menor en una propuesta turística actual. Huellas fue pensado también para ser recordado visualmente: desde la disposición de las luces hasta los espacios para fotografías, el diseño acompaña la experiencia sin convertir el lugar en una escenografía artificial.
El elemento arquitectónico más singular es su techo corredizo. Medina explicó que forma parte central del concepto: conservar la sensación del antiguo patio interior y permitir que, cuando el clima lo permita, el visitante pueda cenar contemplando las estrellas.
Esa noche el frío obligó a mantenerlo cerrado. Pero incluso esa circunstancia ayudó a comprender la intención del proyecto: conectar interior y exterior sin sacrificar el carácter de la construcción.

Cocina catamarqueña con espacio para reinterpretar
Al frente de la propuesta gastronómica se encuentra el chef Diego García, oriundo de Tinogasta, Catamarca.
La idea, explicaron sus responsables, es que en la carta no falten platos tradicionales catamarqueños y regionales, aunque García tendrá libertad para reinterpretar preparaciones conocidas y aportarles su propia lectura.
La primera experiencia permitió comprobar esa intención. En la mesa aparecieron empanadas de masa dorada y crocante, servidas en un espacio donde el vino, la coctelería y la conversación fueron extendiendo la cena. La propuesta se acompañó además de una presentación de danza, integrando una expresión cultural al encuentro gastronómico.
El restaurante proyecta recibir aproximadamente entre 100 y 120 comensales y sus responsables estudian operar en turnos de mañana, tarde y noche. Al momento de la visita, esos horarios todavía estaban en organización.
Dormir, comer y encontrarse
Huellas conserva como eje principal su identidad de hostel. Actualmente contempla alojamiento compartido y se encuentra desarrollando sectores de mayor privacidad para parejas o viajeros que prefieran una estadía más íntima.
Ese cruce entre alojamiento y gastronomía puede convertirse en uno de sus principales valores turísticos: el viajero no llega solamente a dormir ni exclusivamente a comer. Puede permanecer, conocer a otros visitantes, probar sabores regionales y participar de una experiencia social dentro de un edificio con carácter propio.
Desde la mirada del turismo sensorial, Huellas funciona precisamente por esa suma de estímulos: la rugosidad de la piedra, el tono rojizo del ladrillo, la madera de la barra, las luces suspendidas entre plantas, los aromas que salen de la cocina, una copa servida mientras comienza una danza y, cuando el clima lo permita, un techo que se abre hacia el cielo catamarqueño.
Para un proyecto que apenas comienza, hay una idea que ya está definida: hacer que el visitante quiera permanecer un poco más.

La OMPT encontró en Huellas una iniciativa emergente que apuesta por recuperar arquitectura, crear empleo, incorporar cocina local y ampliar las opciones de hospitalidad en San Fernando del Valle de Catamarca. Su desafío comienza ahora: transformar esa primera impresión en una propuesta consistente y sostenible para quienes lleguen desde Argentina y desde otros lugares del mundo.
Y quizá allí esté el sentido de su nombre. Una buena experiencia turística no necesita ocuparlo todo. A veces basta con conseguir algo más diferente: dejar huella.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior



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