OMPT recorre San Fernando del Valle de Catamarca: fe, sabores, telares y memoria revelan la identidad de la capital argentina
La participación de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) en Catamarca permitió recorrer la Catedral Basílica, CATA, Lo de Lalo, la Fábrica de Alfombras, el Museo de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, el Estadio Bicentenario y Casa de la Puna. Una jornada en la que el territorio se contó a través de la fe, el gusto, las manos artesanas, el deporte y las voces de su comunidad.
San Fernando del Valle de Catamarca no se mostró de una sola manera. Durante el recorrido de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) por la capital de la provincia de Catamarca, Argentina, la ciudad fue cambiando de lenguaje a cada parada: primero el silencio y la devoción de un templo; después, imágenes inmersivas que acercaron montañas y culturas; más tarde llegaron los aromas de la cocina regional, el sonido pausado de los telares, las fibras entre los dedos, la amplitud de un estadio y, finalmente, una conversación entre periodistas y futuros profesionales del turismo.
Más que una sucesión de atractivos, la jornada permitió descubrir algo que une a estos lugares: Catamarca conserva buena parte de su identidad en aquello que todavía se hace, se cuenta y se comparte.

Una ciudad que comienza a contarse desde la fe.
Uno de los puntos del recorrido fue la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, frente a la Plaza 25 de Mayo. Terminada en 1869 y declarada Monumento Histórico Nacional en 1941, es uno de los principales referentes religiosos de la capital. Allí se venera a la Virgen del Valle, patrona de Catamarca y del Turismo Nacional.
Adentro cambia inmediatamente el ritmo de la calle. La mirada asciende hacia la arquitectura, las voces bajan de volumen y el movimiento cotidiano queda atrás. Para el viajero, independientemente de su práctica religiosa, el lugar permite comprender cuánto de la historia catamarqueña está atravesada por la devoción mariana.

La experiencia continuó en CATA – Centro de Arte y Tecnología Aplicada, instalado en la histórica Casa de Gobierno, en la esquina de Sarmiento y República. Allí el territorio aparece de otra manera: tecnología, arte, arqueología, arquitectura, producción e identidad provincial conviven en experiencias interactivas y sensoriales.
De pronto, Catamarca ya no era solamente aquello que podía observarse desde una ventana. Sus paisajes podían rodear al visitante en una experiencia 360°, mientras tejidos, mitos, arqueología y producción acercaban otras capas del territorio. CATA funciona así como una puerta contemporánea para comprender una provincia con raíces antiguas.

Catamarca servida en una mesa
Después llegó el turno del gusto.
En Lo de Lalo, dentro del Predio Ferial, Eduardo Rolando “Lalo” Bustamante acercó a los visitantes preparaciones donde el maíz, el zapallo y el choclo dejaron de ser únicamente ingredientes para convertirse en relato.
El api de zapallo, la humita y los sorrentinos de humita permitieron reconocer texturas, temperaturas y aromas asociados a la cocina regional. En la explicación de Lalo aparecieron los pueblos originarios, la Pachamama, las transformaciones posteriores de la alimentación y la intención de mantener vivas algunas de esas bases gastronómicas.
Pero uno de los momentos que más permaneció en la memoria ocurrió lejos de cualquier receta. Lalo detuvo la explicación para presentar y agradecer a cada integrante de su equipo de trabajo, reconociendo a quienes cocinan, sirven y sostienen diariamente la atención.
Ese gesto cambió la mirada sobre la experiencia. Detrás del plato había también personas, jornadas de trabajo y una hospitalidad construida colectivamente.
El Predio Ferial, ubicado sobre avenida México s/n, es desde 2007 la sede estable de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y reúne también espacios gastronómicos, culturales y artesanales.

Donde un dibujo comienza a convertirse en miles de nudos
A pocos pasos, la Fábrica Artesanal de Alfombras de Catamarca permitió entrar directamente en el tiempo de las manos.
La fábrica se trasladó a la capital provincial en 1954 y funciona como fábrica-escuela, conservando un sistema de elaboración artesanal basado en el anudado y recorte de lana sobre una urdimbre de algodón.
Durante la visita, el proceso comenzó ante un papel milimetrado. Un dibujo aparentemente quieto se transforma allí en una guía precisa: cada pequeño cuadro representará después un nudo.
Luego aparece la preparación de la urdimbre, la tensión de los hilos, el montaje en el telar y finalmente la interpretación de la tejedora. Hilera tras hilera, el diseño comienza a subir desde la parte inferior de la pieza.
Algunas alfombras superan decenas de miles de nudos por metro cuadrado. Una trabajadora observada durante la visita acumulaba más de 32 años de experiencia frente al telar.
Las tijeras avanzaban a pocos milímetros de la superficie. En ciertas terminaciones no había máquina que corrigiera el movimiento: había ojo, práctica y pulso.
Allí se comprende por qué una alfombra artesanal no puede medirse solamente por sus dimensiones. También contiene semanas o meses de trabajo y conocimientos transmitidos entre generaciones.

El Poncho guarda su propia memoria
El recorrido continuó en el Museo de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, inaugurado en 2009 en el ingreso al Predio Ferial.
El museo conserva la historia de la celebración mediante textiles, objetos, documentos, imágenes, instrumentos, vestimentas y recuerdos de artesanos y artistas. La institución oficial lo presenta como el primer museo de Argentina dedicado específicamente a una fiesta popular.
Los telares antiguos parecen detener el tiempo. Las vitrinas acercan fibras de oveja, llama y vicuña, mientras los ponchos muestran colores, tramas y técnicas que explican mejor que cualquier discurso por qué el tejido ocupa un lugar tan profundo en la identidad provincial.
Entre las piezas aparece el Poncho del Bicentenario, confeccionado colectivamente por artesanos catamarqueños durante las jornadas de la 40.ª edición de la fiesta.
La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho nació en 1967 y en 2026 celebró su edición número 55, consolidando una propuesta que reúne artesanías, gastronomía, turismo, música y danza.
Aquí el visitante entiende que el poncho no es un souvenir. Es oficio, memoria, identidad y territorio.

Del telar a la amplitud del Bicentenario
La siguiente escala cambió por completo la escala visual.
Frente al Predio Ferial se levanta el Estadio Bicentenario, en avenida México 1899. La información turística municipal señala una capacidad de aproximadamente 20.000 espectadores sentados.
Se recorrieron la sala de prensa, el campo de juego y espacios menos visibles para quienes llegan únicamente a presenciar un partido.
Allí apareció otra dimensión del lugar: la Dirección Provincial de Rendimiento Deportivo, donde la licenciada Lucía Tameanzo explicó los servicios de evaluación, orientación médica, acompañamiento deportivo, coaching, asesoramiento socio-deportivo y articulación con rehabilitación y kinesiología.
El estadio dejó entonces de percibirse únicamente como grandes tribunas alrededor de un campo verde. También es un espacio donde se acompaña a deportistas y donde deporte, salud y preparación profesional se encuentran.

Casa de la Puna: tocar la fibra antes de entender el tejido
El último gran escenario de la jornada fue Casa de la Puna, ubicada en avenida Recalde esquina Padre D’Agostino.
La Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca define este espacio como un centro turístico y productivo que rescata la cultura de la Puna catamarqueña mediante su artesanía textil.
Allí fue posible seguir un proceso que normalmente el viajero encuentra terminado en una tienda.
Primero está el vellón. Hay que lavarlo una y otra vez. Después llega el descerdado: sacar impurezas, pelos y pequeños restos hasta dejar la fibra preparada.
Entonces aparece el huso.
Entre los dedos, la lana comienza a girar y a convertirse en hilo. También se utiliza la rueda, cuyo pedal mantiene un movimiento repetitivo mientras el carrete se llena lentamente. Dos carretes completos pueden después torcerse para obtener una hebra más resistente.
El color puede permanecer natural o surgir de tintes obtenidos de raíces, plantas, flores y otros elementos. Luego se prepara la urdimbre y finalmente llega el telar criollo: pisaderas, naveta, trama, peine y un movimiento que se repite con paciencia.
La demostración permitió observar cómo trama y urdimbre se encuentran golpe tras golpe, hasta dejar de parecer hilos independientes y comenzar a ser una tela.
La Casa de la Puna documenta además el Chaku y el aprovechamiento regulado de la fibra de vicuña, junto con procesos textiles tradicionales de lana de llama y oveja.

Un cierre hablando de turismo con quienes lo estudiarán y comunicarán
La jornada terminó de una manera coherente con todo lo observado: conversando.
En Casa de la Puna, periodistas participantes de OMPT compartieron un encuentro con estudiantes de turismo del Instituto FASTA. Ya no había un telar como único protagonista. Las preguntas giraron hacia identidad, comunicación, sostenibilidad, formación profesional y responsabilidad con las comunidades receptoras.
Se habló de conocer primero el propio territorio; de no reducir un país a sus destinos más promocionados; de entender que el periodismo turístico no es publicidad y también debe informar sobre aquello que necesita mejorar; y de reconocer que turismo, sector público, empresa privada y comunidad necesitan trabajar juntos.
Los periodistas extranjeros también pusieron palabras a lo experimentado durante el recorrido: descubrieron una Argentina que trasciende los imaginarios internacionales más repetidos y una Catamarca donde la gastronomía andina, el folclore, la artesanía, la fe y la hospitalidad tienen capacidad propia para construir un relato turístico.
Ese intercambio fue posiblemente una de las mejores maneras de cerrar el día.
Porque después de caminar por templos, salas inmersivas, cocinas, museos, telares y escenarios deportivos, la experiencia terminó regresando a las personas.
Y esa es quizás una de las principales conclusiones de esta participación de OMPT en la provincia de Catamarca, Argentina: un destino se recuerda por sus paisajes y sus monumentos, pero se comprende mejor cuando quienes lo habitan explican por qué continúan cocinando una receta, tensando un hilo, conservando una fiesta, cuidando una tradición o enseñando a una nueva generación a contar su territorio.
San Fernando del Valle de Catamarca invita a recorrerla despacio. Porque aquí la identidad no solamente se observa: se escucha, se prueba, se toca y se conversa.
Información útil para el viajero
Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle: frente a Plaza 25 de Mayo, centro de San Fernando del Valle de Catamarca.
CATA – Centro de Arte y Tecnología Aplicada: Sarmiento y República. Entrada libre y gratuita según información turística oficial vigente.
Predio Ferial Catamarca: avenida México s/n; allí se encuentran la Fábrica de Alfombras y el Museo de la Fiesta del Poncho, además de espacios gastronómicos y culturales.
Estadio Bicentenario: avenida México 1899, frente al Predio Ferial.
Casa de la Puna: avenida Recalde esquina Padre D’Agostino, San Fernando del Valle de Catamarca.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior



Comentarios