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La OMPT recorrió Catamarca, Argentina entre vino, fe, naturaleza y nuevos sabores.

Foto del escritor: NINO ESPINOSA DORADO
NINO ESPINOSA DORADO
hace 21 horas
4 min de lectura

La jornada unió la tradición vitivinícola de Bodega Michango, la monumental Virgen del Valle en El Rodeo, el silencio de La Mesadita y una cena de apertura en Huellas Hostel-Resto, en San Fernando del Valle de Catamarca, Argentina.


Catamarca se dejó sentir antes de explicarse.

La jornada de la OMPT comenzó entre botellas, barricas y aromas de vino; continuó en la niebla de la Sierra de Ambato, frente a una de las imágenes más imponentes de la Virgen del Valle; descendió luego hacia un rincón de agua, vegetación y recogimiento en La Mesadita, y terminó, ya de noche, alrededor de una mesa en Huellas Hostel-Resto, un proyecto que apenas empieza a abrir sus puertas en San Fernando del Valle de Catamarca.

Fue un día construido a partir de contrastes: madera y piedra, vino y agua, frío de montaña y calor de interior, silencio religioso y música, memoria familiar y nuevas iniciativas turísticas.


La primera parada fue Bodega Michango, ubicada en avenida Presidente Castillo 4181, en la capital catamarqueña. La Dirección de Calidad Turística de la provincia la incluye dentro de su oferta de bodegas turísticas y señala que ofrece recorridos vinculados con los procesos productivos y degustaciones.

Allí, Oscar Andreatta abrió las puertas de una historia familiar ligada al vino y explicó una producción que hoy combina variedades, espumantes, destilados y prácticas orgánicas. El grupo pudo acercarse al método tradicional de elaboración de espumantes, observar el proceso de remoción de sedimentos y conocer el sistema de congelación del cuello de las botellas previo al degüelle.


Pero la experiencia fue más que técnica.

Las barricas, el vidrio frío, el sonido de las botellas al manipularse, el aroma del vino y las empanadas recién servidas crearon una escena en la que la vitivinicultura dejó de ser únicamente un proceso productivo para convertirse en una forma de conocer el territorio. En Michango, Catamarca apareció en una copa, pero también en el relato de productores, en la memoria de una familia y en una manera de trabajar la tierra.


De la copa a la montaña

Después del vino, el recorrido cambió de altura y de atmósfera.

La OMPT se dirigió hacia El Rodeo, en el departamento Ambato, para conocer el Camino de la Fe y la monumental imagen de la Virgen del Valle. El sitio se encuentra a unos 33 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca y la imagen alcanza aproximadamente 52 metros de altura. En su interior posee un mirador al que se llega tras subir 117 escalones.

La niebla terminó siendo parte esencial de la experiencia.

Por momentos, la corona y la cruz desaparecían entre las nubes bajas. Desde abajo, la figura parecía prolongarse hacia un cielo casi blanco. El frío, la humedad serrana y el viento hicieron que la expresión utilizada en el lugar “cerquita del cielo” dejara de sentirse como una frase promocional y se transformara en una percepción física.

La Virgen del Valle tiene además una relación directa con el turismo argentino: fue declarada Patrona Nacional del Turismo en 1974, reconocimiento vinculado al movimiento de peregrinos y visitantes generado por su devoción.

Para un grupo de periodistas de turismo, ese dato otorgó otra dimensión a la visita. No se trataba solamente de contemplar una imagen monumental, sino de encontrarse con un símbolo religioso que durante décadas ha contribuido a movilizar viajeros hacia Catamarca.


La Mesadita: bajar la voz para escuchar el agua

El recorrido continuó por La Mesadita, también en El Rodeo.

Aquí la escala cambió completamente. Frente a la monumentalidad anterior, apareció una pequeña gruta dedicada a la Virgen del Valle, rodeada de vegetación y atravesada por el río Los Nogales. El sitio forma parte de la oferta oficial de turismo de El Rodeo y está asociado a senderos, espacios de descanso y recorridos religiosos.

El acceso es breve: unos 500 metros, con baja dificultad y aproximadamente 15 minutos de caminata.

Pero lo importante no estuvo en la distancia.

Se sintió en el sonido del agua, en la humedad cerca del cauce, en el cambio de temperatura bajo los árboles y en esa necesidad casi espontánea de hablar más bajo. La Mesadita nació, según la historia difundida por Turismo de El Rodeo, como un espacio de agradecimiento de la familia Moya después de la recuperación de un niño enfermo.

Allí, naturaleza y espiritualidad no compiten por la atención. Se acompañan.


La noche terminó dejando Huellas

Cuando el frío de la montaña ya acompañaba al grupo, el regreso a San Fernando del Valle de Catamarca tuvo un cierre inesperado: Huellas Hostel-Resto, en San Martín 390, entre Junín y Maipú.

El proyecto de María Celeste Medina y Martín Alanis Breppe está en sus primeros días de funcionamiento. Nació como hostel y amplió su propuesta hacia la gastronomía, bajo la conducción del chef Diego García, oriundo de Tinogasta.

Entrar después de una jornada fría produjo un contraste inmediato.

Adentro había luz cálida, ladrillo y piedra expuestos, madera, arcos, vegetación suspendida y una barra cuyo diseño geométrico se convirtió en uno de los elementos visuales más llamativos del lugar. Sobre las mesas comenzaron a aparecer vinos, bebidas y platos mientras una presentación de danza incorporaba movimiento y música a la noche.

Uno de los rasgos más particulares de Huellas es su techo corredizo, pensado para recuperar la sensación de patio interior y permitir, cuando el clima lo permita, cenar bajo las estrellas. Esa noche permaneció cerrado por el frío, pero la idea resume bien el espíritu del proyecto: conservar la arquitectura existente y abrirla a nuevas experiencias.

La propuesta gastronómica busca mantener platos catamarqueños y regionales, con reinterpretaciones del chef. La capacidad proyectada del restaurante ronda entre 100 y 120 comensales, mientras el sector de hospedaje continúa desarrollándose con opciones compartidas y futuras áreas más privadas.

Para la OMPT, terminar allí tuvo algo de estreno. Los responsables todavía ultimaban detalles y no habían realizado una inauguración formal. La presencia de periodistas de distintos lugares del mundo se convirtió así en uno de los primeros encuentros de un proyecto que comienza a buscar su lugar dentro de la oferta turística de la ciudad.


Catamarca cerró el día a través de los sentidos.

Primero fue el vino. Después, la niebla. Más tarde, el río, al final, la luz cálida de un comedor, el sonido de una danza y una mesa compartida.

Y entre cada experiencia apareció una misma idea: el territorio se comprende mejor cuando no solo se observa, sino cuando se prueba, se escucha, se toca, se respira y se recuerda.


Nino Espinosa Dorado

Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta

Viajes, cultura y conexión interior

 
 
 

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