La OMPT visitó a la “Virgen del Turismo” en Catamarca, una experiencia de fe cerquita del cielo.

El recorrido por el Camino de la Fe, en El Rodeo, llevó a periodistas y representantes de la OMPT hasta el monumento de la Virgen del Valle, Patrona Nacional del Turismo desde 1974, en un entorno de montaña, niebla y devoción en la Sierra de Ambato.
La niebla aparecía y desaparecía sobre la montaña cuando el grupo de periodistas llegó al Camino de la Fe, en El Rodeo, departamento Ambato. Allí, a 1.670 metros sobre el nivel del mar, se levanta el monumento de la Virgen del Valle, una figura de 52,45 metros de altura que domina el paisaje serrano y que convirtió esta etapa del recorrido en una experiencia donde turismo, espiritualidad y territorio se encontraron en un mismo lugar.
La visita, acompañada por la guía Carla, hizo parte del recorrido de la OMPT por Catamarca y tuvo un significado especial: la Virgen del Valle fue declarada Patrona Nacional del Turismo mediante el Decreto 856 del 20 de marzo de 1974, reconocimiento que destacó desde entonces la relación entre la devoción mariana, las peregrinaciones y el desarrollo turístico de la provincia.
La experiencia comenzó desde el trayecto. El ascenso hacia El Rodeo fue cambiando progresivamente la imagen de la ciudad por la de la Sierra de Ambato. La vegetación de montaña, las curvas del camino y una capa de niebla cada vez más cerrada anticipaban el carácter del lugar. Muy cerca se encuentra también Las Juntas, otra de las localidades de Ambato que forman parte de este corredor serrano catamarqueño. La información turística provincial reconoce a El Rodeo como una de las localidades del departamento Ambato y como uno de los destinos vinculados al área central de Catamarca.
Una figura que obliga a mirar hacia arriba.
El primer impacto es su escala.
El panel técnico instalado en el lugar señala que la estructura alcanza 52,45 metros de altura, dispone de 117 peldaños y cuenta con un mirador situado a 21 metros. Su base y su volumen interior permiten recorrer parte de la estructura, de manera que la visita no se limita a observar la imagen desde afuera.
Desde abajo, la perspectiva cambia completamente. La mirada intenta alcanzar la corona y la cruz, pero la niebla las cubre por momentos. Ese día, la montaña hizo todavía más literal la frase con la que el sitio se presenta al visitante: “una experiencia religiosa cerquita del cielo”.

Adentro, el ambiente es distinto. El concreto, las escaleras, las pasarelas y la luz que ingresa desde distintos niveles crean una sensación de recogimiento. Cada tramo del ascenso obliga a regular el paso y también la respiración. Afuera, el viento y la humedad serrana; adentro, el silencio y el sonido de los pasos.
Naturaleza y respeto por el entorno
La experiencia religiosa convive aquí con una clara invitación al cuidado ambiental. La señalización del Camino de la Fe pide no arrancar vegetación, no recolectar frutos, flores o semillas, no alterar elementos naturales, no salir de los senderos establecidos y no alimentar a la fauna silvestre.
Ese mensaje introduce otro valor turístico del lugar: la espiritualidad no está separada del paisaje. La vegetación serrana, la fauna del entorno y la montaña forman parte de la experiencia y exigen una visita responsable.
La propia ubicación explica buena parte de esa sensación. El Rodeo se encuentra en el departamento Ambato, dentro de un paisaje de sierras que funciona como uno de los espacios de escapada y turismo de naturaleza más cercanos a la capital catamarqueña.
La Virgen del Valle y el turismo
La importancia de la Virgen del Valle excede este monumento. Su devoción tiene más de cuatro siglos de historia en Catamarca y está profundamente ligada a la identidad provincial. Fuentes oficiales sitúan el hallazgo tradicional de la imagen entre 1618 y 1620 en la zona de Choya, mientras que la declaración como Patrona Nacional del Turismo en 1974 reconoció formalmente el movimiento de peregrinos y visitantes que su devoción generaba.
En el Camino de la Fe, esa relación adquiere una forma contemporánea: una monumental imagen de la Virgen inserta en la montaña y concebida como punto de encuentro entre peregrinación, contemplación y visita turística.
El sitio se promociona localmente como sede de “la más grande del mundo”. Esa expresión aparece en la señalización del lugar, aunque para efectos periodísticos conviene mantenerla como una denominación promocional local y no como un récord internacional verificado de manera independiente.
Para la OMPT, el recorrido permitió observar cómo Catamarca puede construir experiencias turísticas sin separar paisaje, identidad y fe. La Virgen del Valle no es solamente una imagen religiosa: es también parte de una memoria colectiva que moviliza personas, sostiene peregrinaciones y ayuda a explicar por qué el turismo espiritual tiene un lugar propio dentro de la provincia.
Y cuando la niebla vuelve a cubrir la corona, el monumento parece disolverse por unos segundos en la montaña. Allí la frase deja de ser un eslogan y se convierte en sensación: en El Rodeo, por momentos, la fe realmente parece estar cerquita del cielo.
Nino Espinosa Dorado
Autor de turismo sensorial en Explora y Conecta
Viajes, cultura y conexión interior



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